sábado, 6 de junio de 2015

Marcas

- Al ver la camioneta oscura de lunas polarizadas sin placa acelerando hasta alcanzar mi combi comprendí que no había salida, no había vuelta, no había tiempo de pedir perdón, de dar perdón, de segundas miradas, de nuevos intentos. Al abrir fuego y escuchar el sonido aterrado de mujeres y hombres me quedé petrificado sin parpadear, sin sentir dolor, sin provocar dolor. Lo último que vi fue la parroquia de mi bautizo, la sangre en la pista, el fuego, la neblina, la roja oscuridad de párpados cerrados, la calma, a ella, a su mirada, a su mirada alejándose, más, un poco más. No sentía ya nada, pero lo último dolía.

- Eran marcas, ¿no?


- No. Marcas es lo que tengo en brazos y piernas, en el cuello, en la frente y en la memoria. Ellos eran mercenarios y yo, que siempre fui cauto con quienes aprecio, me olvidé de mí.

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